Gatillo fácil
17 Octubre 2014

Luciano, te llevamos en nuestras banderas

El 11 de julio de este año, luego de cinco años de incertidumbre, desidia estatal, complicidad y, a fin de cuentas, infamia, el Tribunal de Casación hizo lugar a un habeas corpus. Parecía casi una burla, pero fue entonces que la maquinaria sangrienta del Estado se puso a revolver en la mugre bajo la alfombra y en el día de ayer, finalmente, apareció el cuerpo de Luciano en el cementerio de la Chacarita.

Luciano Arruga, como se ha dicho miles de veces, desapareció el 31 de enero de 2009. Desde un primer momento la familia apuntó a la policía. Hay testigos que vieron cómo era detenido, revisado; más tarde también se lo vio golpeado en la comisaría de Lomas del Mirador. Después desapareció. Difícilmente podrían ser vehículo para la verdad sus propios verdugos: fueron los propios homicidas quienes se encargaron en un primer momento de la investigación. Adivinen qué: no se halló nada. Se desestimaron las pistas aportadas por la familia y hasta se los investigó como posibles sospechosos. Se logró iniciar sumario y pasar a disponibilidad a los policías culpables, pero el ministro Alejandro Granados los reincorporó. Finalmente se pudo dar marcha atrás en la decisión.

El punto es que Luciano no aparecía. Como ya se dijo, recién en el corriente año se hizo lugar a un habeas corpus. Infamia de infamias. Su defunción aparece como producto de un accidente vial a quince cuadras de su propio hogar. La noche del supuesto accidente la familia de Luciano estuvo en el hospital Santojanni, donde habría sido operado esa noche y donde, según el informe oficial murió en la mañana siguiente. Jamás se les informó de que ahí había un NN que podría ser su hijo, su hermano, de apenas 16 años.

La versión oficial de los hechos no explica por qué se negó a la familia reconocer al joven en el hospital, no explica ni da cuenta de lo sucedido en la comisaría de Lomas del Mirador donde, un año antes de desaparecer, Luciano había sido ya torturado; la versión oficial no explica la desidia estatal, el silencio. Por el contrario, el mutismo hasta el momento no hace más que confirmar lo que todos sabemos: la policía es culpable.

Los ratis matan y los funcionarios encubren. Una mano lava la otra. Y Luciano sigue muerto.

Ayer se terminó la espera de casi seis años. La lucha siempre fue por encontrarte con vida, porque nuestro deber era buscarte vivo. De la muerte que se encarguen los asesinos, los torturadores. Por eso, Luciano, nuestra manera de sentirte todavía vivo, es jamás bajar las banderas, es poner tu nombre en cada una de ellas.

Pudiste no ser vos, pudo caer cualquier otro pibe, como a diario caen en manos de los matarifes de los ricos y poderosos. Con esto, lo que se quiere decir es que en realidad cuando te mataban, buscaban sobre todo matar la desobediencia, la rebeldía de un pibe que se atrevió a no robar para la policía. Querían asesinar en tu cuerpo la dignidad para que no cundiera el ejemplo. Ellos nunca van a poder matar a todos los pibes pobres, aunque les encantaría, pero que haya muchos pobres es la única posibilidad de que haya también unos pocos ricos. Por eso, cuando te mataban, cuando

a diario matan a un pibe en algún barrio, en alguna villa, sobre todo quieren matar su potencial rebeldía. Como somos conscientes de esto, ahora que tenemos la más terrible de las certezas, ahora que sabemos que has muerto, no queda más que decirte que vamos a redoblar nuestro compromiso con la vida. Que a pesar de los golpes, los morales y de los que dejan cicatrices en la piel, vamos a seguir luchando. Del dolor, innumerables veces nuestro pueblo ha sacado la fuerza para seguir luchando. Y no hay motivos para no seguir haciéndolo.

Luciano, llevamos bien alto tu nombre, que ya es un dedo acusador contra los asesinos del pueblo; la evidencia furiosa de que los pobres son el blanco de la delincuencia organizada y amparada por la ley.

Vamos a seguir luchando con todas nuestras fuerzas, para que paguen los culpables; pero sobre todo para terminar con este podrido sistema que devora pibes. Vamos a seguir luchando, a pesar del dolor, con el dolor. Con la memoria. Y con la bronca que no conoce el perdón.

Estás y estarás siempre presente, Luciano. Siempre.

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