A propósito del rol estudiantil
23 Noviembre 2016

Democratización, una tarea de fondo para el movimiento estudiantil

Planteamos algunos debates en torno a la participación estudiantil en la educación superior.

En la histórica Córdoba, en 1918 los estudiantes hacían temblar los cimientos de la  Universidad haciéndose oír con la consigna, su objetivo era terminar con los
privilegios de las castas burocráticas, eclesiales y privilegiadas en el gobierno de la
misma, al grito de “Un solo Grito gobierno tripartito”. Esa demanda de democratizar
el poder, es decir, terminar con concentración en un solo claustro –el docente–
sigue tan vigente como ayer. Casi un siglo después, exactamente a 95 años de ese
suceso memorable y referencia ineludible para todo el estudiantado nos
enfrentamos a un sistema universitario que se ha negado a cambiar y que incluso,
ha retrocedido en términos de las conquistas alcanzadas a mediados del siglo XX.
Hoy, las universidades son gobernadas por quienes se consideran una elite. Al
amparo de la Ley de Educación Superior (LES) menemista, que el actual gobierno
sostiene, el claustro docente, y en particular, una camarilla minoritaria se arrogan el
derecho de decidir sobre una comunidad numerosa.
El problema de la composición de los órganos de gobierno en las universidades es
el problema del poder. Quiénes son los que pueden decidir sobre los diferentes
aspectos de la vida académica, gremial y política de esta institución.
La autonomía y la autarquía de las universidades permiten que cada una defina de
acuerdo a sus criterios cómo están compuestos los órganos ejecutivos y
deliberativos. La LES establece un marco general que otorga al claustro docente un
mínimo del 50 % de representación (Art. 53), es decir que pone prácticamente en
manos de un solo claustro la potestad para gobernar las universidades. Es decir,
que apenas una ínfima parte de los que habitan día a día las universidades
resuelven hasta en sus mínimos detalles lo que allí sucede. Cuando se mira el mapa
nacional, se presenta una gran variedad de situaciones que amerita varias
reflexiones. ¿Bajo qué criterios en la Universidad del Chaco Austral los docentes
tienen el 74 % de representación en la Asamblea Universitaria? ¿Bajo qué criterios
en diferentes universidades nacionales se desconoce la representación de claustro
de graduados o de no docentes? ¿Bajo qué criterios en la Universidad de Río Negro
se establece que la gobernación de la provincia y las empresas tendrán una
representación en sus consejos? La variedad y diversidad es muy amplia, pero
sobretodo deja un planteo de contradicción y arbitrariedad. Excepto en una cosa, la
representación minoritaria de los claustros estudiantes, no docentes y graduados
frente al de docentes. Al mismo tiempo, el propio claustro docente no está exento
de tensiones. Quienes están representados en ese claustro en muchas
universidades (como el caso de la UBA) expresan a una parte minoritaria del cuerpo
docente total, ya que solo están implicados los profesores concursados.
Una de las preguntas que entendemos centrales, es si el claustro más dinámico,
más numeroso y que en general impulsa esta demanda, el estudiantil, debe ser
mayoritario o debe estar en paridad con el resto –docente y no docente–.La
pregunta pensamos que debe resolverse atendiendo otro aspecto, que es el que
nos interesa señalar con más fuerza, esto es, la cuestión de la democratización en
su contenido. La democratización, si es entendida, en su íntima definición, como un
problema acerca de quién tiene el poder dentro de la Universidad, desde una
corriente con perspectiva clasista como la nuestra no se puede obviar que el
problema del poder en realidad significa que una clase domina a otra. En el caso
particular de la Universidad, sabemos que no es un puñado de burgueses, en el
sentido económico de ser dueños de medios de producción, los que gobiernan la
Universidad. Más bien lo que predominan son camarillas pertenecientes a uno o
varios partidos cuyo interés de clase es el de la clase capitalista y cuya función es el
de ser el Estado Mayor de uno de los aparatos ideológicos del Estado más
importante. En tal sentido debe considerárselos parte de la clase dominante en
cuanto a que son esos los intereses que defienden. Y en la misma línea, debe
entenderse que la orientación social que los gobiernos universitarios patronales le
imprimen a esta institución es, naturalmente restrictiva a los sectores populares y
de ahí se sigue su política antidemocrática, elitista, etc. ¿Para qué todo este rodeo?
El punto es que “la cuestión de la democratización”, llevada hasta el final no es un
problema de porcentajes entre claustros meramente sino que en su seno está el
cuestionamiento a la educación como educación clasista, es decir, hecha a imagen,
semejanza e interés de la sociedad capitalista.
Por todo esto entendemos que es un error quedarse en una mirada claustrista. De
hecho, guiarnos por esa concepción esencialista en el panorama actual del
movimiento estudiantil argentino sería otorgar un poder mayor aún a las fuerzas
hegemónicas como la Franja Morada o la JUP (PJ) .Construir una Universidad
popular, al servicio de los trabajadores y del pueblo no puede ser patrimonio
exclusivo de los estudiantes, pero si, que inevitablemente, mientras las condiciones
impuestas sean estas, va a ser muy difícil que se construyan proyectos críticos y
comprometidos con el cambio social.
Cuestionar la forma de gobierno y el privilegio de algunos claustros debe
permitirnos cuestionar también la orientación social y proyectar una Universidad en
donde la democratización de sus órganos de gobierno sea su cimiento fundante,
donde el conocimiento que se genere no tenga como único objetivo llenar los
curriculums académicos de los científicos, dónde el vínculo con las organizaciones,
movimientos y luchas sea una constante, es decir, en donde el conocimiento sirva
para transformar la realidad. Este horizonte tiene en cada una de las universidades
una batalla particular, pero a la vez una fortaleza que hay que asediar, una Ley de
Educación Superior que es profundamente antidemocrática y a la cual hay que tirar
abajo.

¡Por la democratización de los órganos de co-gobierno de todas las
Universidades del País!
¡Por una Universidad al servicio del pueblo trabajador!

 

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